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A hazy shade of winter

A hazy shade of winter

La prolongación del conflicto en Medio Oriente mantiene elevada la volatilidad y provocó caídas sincronizadas en los mercados financieros durante marzo. La falta de visibilidad sobre la duración de la guerra, sumada a la creciente fragilidad del entorno macroeconómico, nos lleva a reforzar una postura de cautela en los portafolios de inversión. La retórica impredecible del presidente Donald Trump ha añadido una capa adicional de incertidumbre que complica la toma de decisiones de inversión. Sus sucesivas declaraciones dan a entender que está interesado en acabar cuanto antes con el conflicto, pero la poca confiabilidad de sus palabras —que oscilan entre promesas de resolución rápida y amenazas apocalípticas sobre «el fin del mundo»— dificulta la evaluación racional de escenarios. Este entorno refuerza la convicción de mantener portafolios ampliamente diversificados como protección ante la elevada volatilidad y correlación positiva entre acciones y bonos.

En el plano macroeconómico global, la economía continúa mostrando señales dispares. En Estados Unidos, el mercado laboral entrega señales mixtas y su evolución será determinante para el rumbo de la política monetaria.

Por su parte, inflación ha vuelto al centro de la escena por el repunte del precio del petróleo, impulsado por las tensiones en Medio Oriente. La obstrucción del estrecho de Ormuz genera un shock de oferta de materias primas energéticas, añadiendo presión a los bancos centrales, que enfrentan el dilema de controlar la inflación, que a su vez puede deteriorar la actividad económica. Por su parte, hoy vemos autoridades monetarias mundiales actuando con prudencia ante un panorama incierto. En nuestra visión, este contexto justifica mantener clases de activo que nos protejan ante un escenario más probable de estanflación.

En materia política y de cara a las elecciones de medio término en EE.UU., el panorama político añade otra capa de incertidumbre. La posibilidad de un triunfo demócrata en ambas cámaras del Congreso podría acentuar el estancamiento legislativo; sin embargo, hasta ahora -exceptuando marzo- los mercados y la economía han mostrado resiliencia pese a la política. De hecho, los mercados comienzan a ver con mayor probabilidad un escenario de Cámara de Representantes y Senado bajo control demócrata.

A nivel regional, el impacto del choque geopolítico es heterogéneo. Europa se perfila como uno de los principales perdedores dada su alta dependencia energética y la necesidad de aumentar gasto fiscal en defensa. De esta manera, se anticipa un mayor deterioro fiscal en la Eurozona, con déficits crecientes que añadirían presión a economías ya estancadas.

Por el contrario, Rusia y China emergen como ganadores relativos en este escenario: Rusia se beneficia del alza de los commodities y de la distracción de Occidente, mientras que China podría jugar un rol clave en una eventual resolución del conflicto, reforzando su posición estratégica.

Fuera de las potencias, otros mercados emergentes exportadores de materias primas salen fortalecidos en algunos aspectos. América Latina, al estar geográficamente alejada del conflicto y ser una región exportadora de commodities, es menos vulnerable que otras zonas a una guerra prolongada en Medio Oriente. Dentro de la región, Brasil -como exportador neto de petróleo-, experimentaría una mejora en sus cuentas fiscales y perspectivas de crecimiento si el crudo se mantiene en niveles elevados.

Por su parte, el oro ha recuperado su atractivo como activo estratégico en el contexto actual. Las nuevas presiones inflacionarias, la incertidumbre geopolítica y la corrección de marzo refuerzan nuestra visión positiva sobre el oro. Históricamente, este activo ha mostrado un comportamiento sobresaliente en episodios de inflación elevada y tensiones geopolíticas.

Por otra parte, la innovación tecnológica brinda un contrapeso positivo a la incertidumbre coyuntural; la inteligencia artificial (IA) tiene un carácter estructuralmente desinflacionario y las ganancias de productividad derivadas de ella son positivas para el crecimiento económico. No obstante, persiste incertidumbre sobre los ganadores y perdedores de esta revolución tecnológica.

El escenario global llama a la prudencia, lo que nos lleva a mantener en neutral la posición en acciones, con una subponderación en Europa, que consideramos perdedor estructural del conflicto. En otras regiones, subimos la exposición a acciones US Large Cap growth, aprovechando la corrección en valorizaciones, especialmente en las Magnificent 7. En línea con la tendencia de diversificación, cuya hipótesis se fortalece con el conflicto, se mantiene la sobreponderación en Latinoamérica, así como en acciones estadounidenses Value y Small Caps. Por su parte, se mantiene el underweight en bonos, para financiar posiciones en oro y caja en medio de un escenario global complejo. En renta fija, llevamos a largo el Treasury a 2 años, considerando que la reacción del mercado fue excesivamente hawkish -pro alzas de tasas-. Mantenemos el corto en duración en los tramos largos de la curva de papeles del Tesoro estadounidense (10 y 30 años) y la posición larga en TIPS como cobertura ante presiones inflacionarias persistentes. Se mantiene la preferencia por papeles emergentes, que han mostrado un mejor comportamiento relativo en medio del conflicto.

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