La tregua
En mayo el escenario global parece transitar una tregua frágil en medio de un entorno aún dominado por una elevada incertidumbre geopolítica. El conflicto en Medio Oriente no ha mostrado avances relevantes hacia una resolución definitiva y ha vuelto a tensionar los precios del petróleo, que se mantienen por sobre USD 100 por barril. Este shock energético ha reintroducido con fuerza los riesgos de estanflación, combinando presiones inflacionarias persistentes con una desaceleración gradual del crecimiento global. A pesar de este contexto, los mercados financieros, en particular la renta variable estadounidense, continúan operando cerca de máximos históricos, apoyados en sólidos resultados corporativos y en un entorno de abundante liquidez, lo que refuerza la necesidad de una lectura prudente del escenario global.
Desde una perspectiva macroeconómica, el entorno sigue mostrando señales mixtas. En Estados Unidos, la actividad económica se ha mantenido resiliente. Sin embargo, la inflación subyacente continúa ubicándose por encima del objetivo del Fed, lo que limita el margen de acción de la política monetaria. Si bien el mercado continúa descontando un escenario relativamente benigno, en el que la economía logra sostener el crecimiento sin un repunte inflacionario significativo, consideramos que este equilibrio es frágil y altamente dependiente de que las presiones salariales y energéticas no se intensifiquen en los próximos meses.
A nivel regional, el impacto del contexto global sigue siendo heterogéneo. Europa continúa perfilándose como uno de los principales perdedores relativos, dada su elevada dependencia energética y la necesidad de incrementar el gasto fiscal en defensa, lo que añade presión a economías ya estancadas y con márgenes fiscales limitados. El deterioro de las cuentas fiscales y la menor capacidad de reacción de la política monetaria refuerzan una visión cautelosa sobre la región en un escenario de tensiones geopolíticas prolongadas.
En contraste, algunas economías emergentes exportadoras de materias primas se encuentran relativamente mejor posicionadas frente a un entorno de precios de commodities elevados. América Latina, en particular, se beneficia de su condición de región exportadora neta de materias primas y de su menor exposición directa al conflicto. La distancia geográfica respecto de los focos de tensión reduce la vulnerabilidad a disrupciones logísticas y energéticas, mientras que, en el caso de Brasil, los términos de intercambio más favorables actúan como un amortiguador frente a un entorno global más desafiante.
En renta fija, el entorno continúa siendo desafiante. El tono más restrictivo del Fed, junto con la persistencia de presiones inflacionarias, refuerza la conveniencia de mantener una postura cautelosa en duración, particularmente en los tramos largos de la curva. La elevada sensibilidad de estos segmentos a cambios en las expectativas inflacionarias y de tasas justifica una aproximación defensiva, priorizando la gestión activa del riesgo. En este contexto, los instrumentos indexados a inflación continúan cumpliendo un rol relevante como cobertura frente a escenarios en los que la inflación resulte más persistente de lo que actualmente descuenta el mercado.
En paralelo, la innovación tecnológica continúa actuando como un contrapeso estructural a la incertidumbre cíclica. La inteligencia artificial está impulsando un fuerte ciclo de inversión, especialmente en infraestructura tecnológica y centros de datos, y generando importantes ganancias de productividad, particularmente en Estados Unidos. Si bien estas tendencias tienen un carácter desinflacionario en el largo plazo, en el corto y mediano plazo también implican una elevada demanda de capital, energía y materias primas, lo que puede amplificar presiones inflacionarias transitorias.
En este escenario, la asignación de activos refleja una implementación coherente y disciplinada de la visión estratégica, priorizando una gestión activa del riesgo en un entorno que sigue siendo desafiante. El posicionamiento actual busca equilibrar la exposición a fuentes estructurales de retorno con la necesidad de proteger la cartera frente a escenarios adversos, manteniendo flexibilidad para adaptar las decisiones tácticas a medida que evolucionen las condiciones macroeconómicas y financieras.
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