Crónicas de una muerte anunciada
Con la escalada del conflicto en Medio Oriente y las bruscas correcciones de los mercados al iniciar marzo, se materializan riesgos latentes que convergen en un desenlace casi anunciado: caída sincronizada de los mercados financieros.
Los mercados financieros habían mostrado una fortaleza notable hasta antes de la escalada de tensiones en Medio Oriente. No obstante, el ataque de Estados Unidos e Israel en contra de Irán genera incertidumbre y ha gatillado un aumento significativo de la volatilidad junto con caídas sincronizadas. Esperamos que, en la medida en que el conflicto cese, el mercado absorba las tensiones geopolíticas y económicas sin deterioros persistentes en las valorizaciones.
El repunte reciente en los precios del petróleo, influido por las tensiones en Oriente Medio, vuelve a situar la inflación como centro de atención. Este factor podría añadir presión a los bancos centrales en su proceso de convergencia hacia tasas más consistentes con un escenario de normalización. La interacción entre riesgos geopolíticos, inflación y política monetaria será determinante para la trayectoria macroeconómica hacia la segunda mitad del año.
En el ámbito internacional, Europa busca, más allá de los estímulos fiscales, el rumbo para salir del estancamiento mientras la situación de China continúa siendo compleja. Persisten divergencias relevantes entre la producción y el consumo interno, así como desafíos en sectores específicos, lo que podría derivar en ajustes adicionales de política económica. Japón, por su parte, mantiene un escenario marcado por el giro político y el mayor optimismo de los inversionistas extranjeros, aunque sujeto a fluctuaciones cambiarias y a las condiciones externas. América Latina, alejada de los conflictos geopolíticos y dado el sesgo exportador de materias primas, es menos vulnerable que otras regiones a los efectos de una guerra más extensa en Medio Oriente, aunque con ganadores y perdedores.
Por otro lado, la inteligencia artificial (IA) se posiciona como una cuarta revolución industrial, generando mejoras de productividad y abriendo nuevas posibilidades de inversión. La IA es una tendencia estructural que será un motor clave del crecimiento de largo plazo a pesar de que pueda generar ajustes en el mercado laboral y de que en su camino deje obsoletas otras formas de trabajar.
En este escenario altamente incierto es importante, además, no subestimar los riesgos de eventos extremos. Un agravamiento del conflicto en el Golfo podría generar disrupciones adicionales en los precios de la energía, con efectos directos sobre la inflación y, por ende, sobre las expectativas de tasas, así como en la actividad económica. La combinación actual de tensiones geopolíticas y comerciales configura un entorno en el que la interpretación de los datos será clave para anticipar posibles cambios de dirección dado el riesgo de estanflación.
Si bien el entorno demanda cautela, las tendencias de largo plazo continúan siendo favorables y ofrecen oportunidades que podrían sostenerse a pesar de la volatilidad coyuntural. En tal sentido se mantiene el neutral de la cartera accionaria con una sobreponderación en mercados emergentes vs desarrollados, con un sesgo hacia Latinoamérica dado giros políticos hacia gobiernos más promercado y un ciclo favorable en materias primas. En mercados desarrollados, se mantiene el sesgo positivo en activos estadounidenses a través de una sobrexposición diversificada entre large cap value y small caps, a la vez que neutraliza el OW en large cap growth debido a lo elevada de las expectativas respecto al sector tecnológico.
La renta fija permanece subponderada, con una duración menor al benchmark y una posición cauta ante el riesgo de un mayor empinamiento de la curva americana. En tal sentido se sigue prefiriendo la deuda emergente sobre la desarrollada en búsqueda de yields. Se mantiene una posición larga en TIPS como cobertura ante un eventual aumento de la inflación. Se mantiene, además, una posición en caja como cobertura ante episodios de mayor volatilidad, y una posición en oro como hedge de la incertidumbre geopolítica.
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