The Show Must Go On
Tras una corrección principalmente técnica y no fundamental, los mercados vuelven a enfocarse en lo que realmente importa: utilidades resilientes, innovación tecnológica y una economía estadounidense que sigue tirando el carro del crecimiento global.
Así, julio deja una clara lección: los mercados financieros globales pueden convivir simultáneamente con señales de fortaleza económica y correcciones técnicas pronunciadas, sin que ninguna de las dos anule a la otra. El S&P 500 registró una caída en el margen, con pérdidas concentradas en el sector tecnológico, lo que reavivó el debate sobre la durabilidad del excepcionalismo estadounidense. Sin embargo, la temporada de resultados corporativos ha sido sólida, con crecimientos de utilidades que superan las expectativas, evidencian que la corrección accionaria respondió más bien a dinámicas técnicas —desapalancamiento forzado de inversionistas muy concentrados en ciertos activos— que, a un deterioro genuino de los fundamentales, y los primeros días de agosto muestran ya señales de reversión.
En ese contexto, el Fed mantuvo el nivel de tasas en su reunión de julio, dejando atrás el temor de un ajuste monetario agresivo destinado a preservar credibilidad. La probabilidad de que el Fed no mueva tasas durante el resto del año ha aumentado significativamente, y el mercado parece haber internalizado este escenario. Lo que sí persiste como variable de tensión es el extremo largo de la curva: los rendimientos reales de los bonos del Tesoro a 30 años, medidos a través de los TIPS, transan en torno al 3%, niveles no vistos en casi dos décadas. Esta presión sobre el largo plazo refleja una combinación de factores estructurales —crecimiento de la deuda fiscal, demanda masiva de capital para financiar la inversión en inteligencia artificial y en defensa— que apuntan a un nuevo régimen de tasas reales más elevadas de forma duradera. El empinamiento de la curva no es un fenómeno pasajero; es la respuesta racional de un mercado que percibe al Fed como menos predecible y al gobierno como fiscalmente más expansivo.
En este marco de mayor preocupación fiscal emerge con renovada fuerza el argumento a favor del oro. Las compras de bancos centrales señalan una recomposición estructural de reservas que no depende de factores cíclicos. La debilidad reciente del dólar está sirviendo de catalizador adicional, tal como ocurrió a principios de año. Desde el punto de vista técnico, los niveles de soporte del oro fueron testeados y resistieron, lo que sugiere que los mínimos recientes pueden haber quedado atrás.
El excepcionalismo estadounidense, lejos de ser solo un fenómeno bursátil, encuentra respaldo en una narrativa más profunda: la reindustrialización del país. Esta dinámica, sumada a sólidos resultados corporativos y a una economía resiliente, sostiene una postura constructiva en acciones estadounidenses a través de distintos estilos y tamaños.
En América Latina, el panorama de corto plazo estará dominado por el ruido electoral brasileño. La elección extremadamente ajustada —comparable a lo ocurrido en Perú o Colombia—, con Lula y Flavio Bolsonaro mostrando tasas de rechazo cercanas al 50% y bases de votantes leales que garantizan su presencia en segunda vuelta, pero dificultan la ampliación del electorado. El mercado parece estar descontando una victoria del candidato oficialista con una probabilidad que varía según el activo: más elevada en renta fija, más incierta en tipo de cambio y más equilibrada en renta variable. La incertidumbre electoral añadirá volatilidad en las próximas semanas, pero el potencial de revalorización sigue siendo relevante para inversionistas con horizonte de mayor plazo y tolerancia a la volatilidad de corto.
Más allá de Brasil, América Latina cuenta con giros políticos promercado, la reciente debilidad del dólar favorece a los mercados accionarios y las buenas perspectivas de materias primas dan respaldo a la región.
En síntesis, agosto combina un ciclo corporativo estadounidense robusto, un nuevo régimen de tasas reales más altas que premia la diversificación hacia activos reales, y un dólar debilitado que abre espacio para emergentes en forma selectiva. La corrección técnica de julio parece superada, y el balance de riesgos, favorece mantener una postura constructiva, aunque cautelosa, con cobertura frente a sorpresas inflacionarias y especial atención a la evolución del largo plazo de la curva de tasas de papeles del Tesoro como el termómetro más sensible del sistema.
[1] El show debe continuar, canción de Queen
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